El poder de sentirse seguro

La mayoría de nosotros pensamos que la seguridad consiste únicamente en protegernos de cualquier daño. Pero sentirse seguro también tiene que ver con cómo nos hacen sentir los demás.

Es saber que tu opinión importa. Que te escuchen sin juzgarte. Sentirte aceptado tal y como eres. Saber que no tienes que afrontar los retos de la vida solo.

Cuando las personas se sienten seguras, son más propensas a hablar con sinceridad, a pedir ayuda, a establecer relaciones de confianza y a sentir que forman parte de un grupo.

La forma en que nos tratamos unos a otros es más importante de lo que a veces creemos.

Cada día contribuimos a crear esa sensación: cuando escuchamos de verdad, nos mostramos abiertos a la perspectiva de los demás, ofrecemos apoyo sin juzgar y creamos un espacio para que las personas puedan ser quienes son y estar donde se encuentran en sus vidas.

Estos momentos pueden parecer cotidianos, pero pueden fortalecer las relaciones y, a veces, cambiar el rumbo del día de alguien.


Sentirse seguro es algo que toda persona merece. Y cada uno de nosotros tiene la oportunidad de contribuir a que eso sea posible.


Relaciones sanas en los momentos cotidianos

Para crear una sensación de seguridad no hacen falta momentos extraordinarios. Se va forjando a través de las interacciones cotidianas.

La forma en que nos comportamos cada día influye en nuestras relaciones, en nuestros lugares de trabajo y en nuestras comunidades.

A veces, garantizar la seguridad es tan sencillo como...

  • Escuchar sin juzgar.

  • Mantenerse abierto a la perspectiva de los demás.

  • Reconociendo que cada persona tiene una historia que quizá nunca lleguemos a conocer del todo.

  • Ofrecemos apoyo antes que soluciones.

  • Ayudar a las personas a sentirse vistas, escuchadas y aceptadas.

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